¿Al término de la pandemia, cual será la gran enseñanza que habremos aprendido? O tendremos que aceptar que el mundo siguió igual y que tantos muertos y enfermos no sirvieron para cambiar el egoísta rumbo que llevamos.
No quiero pensar que al final del sendero viral, la humanidad al igual que en las otras pandemias, siguió su curso como si nada hubiera pasado.
Muchos ven el camino espiritual como la necesidad más grande en estos momentos, particularmente estoy de acuerdo con ellos. Pero creo que la interrogante que la gran mayoría se hace esta desenfocada de perspectiva. Muchos creen que la solución está en descubrir lo que Dios quiere para el mundo, de lo cual no estoy de acuerdo. Dios siempre ha dicho a través de su palabra y sus profetas lo que Él quiere. El gran problema de la humanidad siempre ha sido el querer buscar el Desarrollo y la felicidad sin tener en cuenta al arquitecto universal.
¿Entonces cual será el balance que tendremos que hacer al final de esta crisis? o expresado de manera proactiva ¿Qué tendremos que haber aprendido para que tantas vidas perdidas no hayan sido en vano? Me atrevo a expresar mis elucubraciones.
¿Habremos comprendido que la familia es el lugar emocional más importante del ser humano y el núcleo principal de la sociedad? En donde el individuo se forma en principios de vida, que posteriormente manifestará en la sociedad. Sera que entenderemos la urgencia de que todas las políticas públicas deben fortalecer la familia.
¿Habremos comprendido que el ser humano debe formarse para la vida y no para la temporada? Teniendo en cuenta que posteriormente, formará un hogar, anhelara poder descubrir sus dones y ejecutar sus talentos, requerirá de ciertos bienes para sostenerse, interactuará con los demás y necesitara desarrollar su vida espiritual.
¿Comprenderá por fin el ser humano la necesidad de proteger el cuerpo desde el momento mismo de la concepción? Partiendo del entendimiento de mirar esta estructura corporal como un templo de respeto y cuidado. Que todas las innovaciones médicas y tecnológicas tienen el sagrado compromiso de velar por su desarrollo biológico y natural. Y que los estados y las empresas privadas tienen la obligación universal de trabajar en unidad para salvaguardar la vida y que, por lo tanto, tienen fronteras inviolables, vedadas para siempre.
¿Seremos capaces de entender que una sociedad moderna no lo es por sus innovaciones, capacidades y recursos, sino por las condiciones generadas por el estado y la sociedad misma, para que los individuos encuentren las posibilidades de realizar sus sueños? Entenderemos por fin, que el tesoro más preciado de cualquier ente, es el recurso humano y no sus bienes y que una sociedad está tan desarrollada como lo están las familias y los individuos que la conforman.
¿Comprenderemos de una vez por toda, que somos seres sociales que requerimos de los demás para vivir y que necesitamos un entorno sano para poder ejercitar la vida? Aprender desde ya, la apremiante y urgente necesidad de limpiar el mundo y adquirir comportamientos ecológicos estructurales que ayuden a purificar la naturaleza.
¿Habremos comprendido que también somos seres espirituales y que, por lo tanto, tenemos necesidades espirituales? Que no solo somos cuerpo y alma, también tenemos un espiritu que requiere de alimento espiritual para crecer. Y que la relación con el Dios superior permitirá que el alma y el cuerpo se desarrollen mejor, como un todo indivisible e integral.
Somos siete mil quinientos millones de seres humanos distribuidos en más de mil quinientas millones de familias, acuartelados en las casas o expectantes del confinamiento. El gran reto es aceptar que hasta ahora nos hemos equivocado en muchas cosas, empezando por comprender al ser humano en su integralidad.
Como corolario, me gustaría poder entender esta crisis, también como una gran posibilidad de engendrar las grandes transformaciones que este tipo de sucesos ayudan a producir. El cambio climático, la contaminación ambiental, las guerras, el hambre, la falta de servicios básicos esenciales y vivienda, el egoísmo, la discriminación, la corrupción y la pobreza será una agenda colectiva que emprenderemos entre todos, si esta pandemia sirvió para hacernos entender el valor de todos los seres humano.
Es mi interés principal al escribirle estas líneas, empezar a generar la inquietud en todos los sectores posibles del Caribe, Colombia y el Mundo. Esto lo haremos entre todos y mi gran esperanza al terminar la pandemia es que, tantas muertes no fueron en vano.