A pesar del número de muertes por causa del Covid 19, de los llamados al orden por parte de la institucionalidad para frenar el contagio, de las sanciones impuestas por los cuerpos coercitivos de gobiernos y de un sinnúmero de medidas regulatorias para tratar de frenar el avance malévolo de esta crisis, la pregunta de hoy es; ¿Por qué sigue saliendo la gente? Sin importar las consecuencias y poniendo en riesgo aun su propia vida, la de su familia y la de la comunidad. ¿Cuáles son esas causales que originan el proceder erróneo de la sociedad?
A la luz de las diferentes perspectivas profesionales podemos identificar 4 grandes grupos de motivos o circunstancias que determinan actitudes sociales que ponen en riesgo la salud de los miembros de una sociedad. Entender cada una de ellas es crucial para establecer estrategias públicas para lograr una conducta adecuada que atienda los requerimientos profilácticos de esta pandemia y conseguir una sociedad que se resguarda familiarmente.
El primer grupo lo podríamos enmarcar dentro de lo que los expertos han llamado presión colectiva. El exceso de información y la alteración en las mismas (infodemia), trae como consecuencia una insensibilidad a la misma y por ende una realidad distorsionada de las circunstancias actuales, lo que conlleva a comportamientos sociales irracionales y estos al manifestarse exhiben una presión de la mayoría o imitación colectiva. El proceder expuesto por algunos grupos enmarca unas conductas repetitivas que se convierten en olas y muchas veces estas actitudes van en contra del bienestar colectivo.
El segundo grupo de causas que repercute en la desobediencia al llamado a quedarse en casa es la carencia de productos de la canasta básica y algunos artículos adicionales y obviamente los recursos necesarios para adquirirlos. Sin desconocer que muchas veces estas causas han sido tomadas como mecanismo para engañar o evadir las normas impuestas, también es cierto que el estado debe garantizar que los hogares de una región puedan tener seguridad alimentaria y garantizar que las familias tengan acceso a esos elementos alimentarios.
El tercer grupo de causas la podrimos enmarcar como la voluntad de un gobierno para imponer medidas. Es claro que la imposición de las normas y decretos conductuales obedecen a una estrategia de los centros de poder reguladores como las alcaldías y gobernaciones y estas deben ser impuestas con la certeza que el cumplimiento de estas medidas favorece la sanidad colectiva. La flexibilidad o laxitud por parte del ente gubernamental en la obligatoriedad o el cumplimiento de los actos administrativos o medidas impedirá que una comunidad cumpla con las restricciones sancionadas y mantendrá la costumbre social por encima del interés general.
Y el cuarto grupo de causas que determinan las conductas lo podríamos enumerar dentro de los miedos. Es claro que nuestra generación nunca había vivido una pandemia de esta magnitud y el hecho de quedarse en casa genera ansiedad, stress, preocupación y diferentes formas de temor como el miedo a estar encerrado (claustrofobia), miedo a estar en el hogar (ecofobia), el miedo a estar solo (eremofobia), el miedo a perder el control por la ansiedad o por cualquier otra conducta (agorafobia) y otros tipos de miedo como los compradores de pánico que acumulan algunos productos durante meses por el terror de quedarse sin ellos. Muchos de estos miedos tuvieron ocultos desde la niñez de cada persona y afloraron por causa de las circunstancias especiales que estamos viviendo.
Las presiones colectivas, la falta de alimentos, la voluntad del estado para imponer medidas y los miedos o fobias, son las causales por la cuales las personas salen a la calle. Determinar cada una de estas causales y sus variantes en cada caso específico, para lograr políticas públicas exitosas dependerá de la capacidad y disposición del gobierno para avanzar hacia una sociedad que cumpla con las medidas necesarias para proteger el bienestar común.